Cientos de personas se dieron cita en el Zócalo en la inauguración de la Megaofrenda por Día de Muertos, la cual rompió el récord Guinness de la Catrina más alta, con 33.4 metros.
Quién se asoma al Zócalo da un vistazo breve al Mictlán: sobre un campo dorado se levanta imponente la catrina y su séquito de ajolotes, custodiados por el barroco que rodea la Plaza de la Constitución.
No lejos de ahí, en las ruinas del Templo Mayor, se rendía tributo a la muerte; hoy, como hace más de 500 años, la seguimos venerando.
Llegó la época del cempasúchil y el regreso de los muertos; las ofrendas y los disfraces. También la hora de la Catrina.
El Gobierno de la Ciudad de México rompió otro Récord Guiness e instaló una escultura monumental de 33.4 metros de altura, obra del taller Xibalbá.
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, inauguró la megaofrenda del Zócalo, dónde también se le rendirá homenaje a Cuauhtémoc Cárdenas, indispensable para entender la democracia mexicana.»Esta Catrina nos recuerda que ante la muerte no hay herencias, ni títulos, ni apellidos, ni fortunas que valgan; en un país atravesado por grandes desigualdades históricas, la Catrina, desde el corazón de México, se burla de los privilegios», dijo la Mandataria.
Después del protocolo, el campo de cempasúchil se iluminó y se abrió para el público, las vallas fueron retiradas y los vivos caminaron entre la figura de los muertos que inmortalizaron Guadalupe Posadas y Diego Rivera.»Con la Fórmula 1, es un gran momento para que el mundo vea lo bonito que es México, lo colorido, que no mueran nuestras tradiciones y se reconozca lo bueno del país», pidió Pablo Rodríguez, vecino de Azcapotzalco y visitante, junto a su familia, de la megaofrenda.
Tres generaciones de la familia León también se acercaron a ver el espectáculo de luces que decoran el Zócalo.»Venimos mi mamá, mi hija y yo, tres generaciones que no dejamos de recordar a nuestros difuntos.Hay que pasar a las nuevas generaciones el orgullo de nuestras raíces y tradiciones», dijo Fernanda, vecina de la Colonia Centro.Junto a su familia le pondrán en la ofrenda cigarros (Marlboro), tacos de cabeza y su coca a su papá, don Fernando, fallecido hace 24 años.
Dos asistentes más acudieron al encuentro pero poca atención pusieron a la monumental Catrina, adornada con el morado presente en toda la Ciudad:
Jazmín, trabajadora de limpia y una perrita que deambuló entre el cempasúchil y a quien algunos asistentes bromearon con llamarla Catrina.





