IDENTIFICAN TRES HÁBITOS DE SUEÑO QUE ACELERA EL ENVEJECIMIENTO CEREBRAL

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Dormir menos de siete horas de manera habitual, sufrir insomnio frecuente y tomar siestas con mucha frecuencia se asocian con signos de envejecimiento cerebral, como lesiones en la materia blanca. Así lo revela una investigación de la Universidad de Arizona que analizó datos de más de 23 mil adultos de mediana y mayor edad.

Los participantes respondieron preguntas sobre sus hábitos de sueño y, aproximadamente nueve años después, se sometieron a resonancias magnéticas para observar cambios en la materia blanca del cerebro.

Dormir menos de siete horas

El primer hábito destacado fue dormir menos de siete horas de manera habitual. Quienes permanecían por debajo de ese rango presentaron un mayor volumen de lesiones en la materia blanca, pequeñas áreas de daño que suelen aumentar con la edad y se relacionan con mayor riesgo de problemas cognitivos y demencia.

Esto no significa que dormir seis horas una noche provoque daño cerebral. El problema está en convertir el descanso insuficiente en una rutina. Otras investigaciones recientes también han encontrado que tanto dormir muy poco como hacerlo en periodos excesivamente largos se relaciona con mayores señales de envejecimiento biológico en diferentes órganos, incluido el cerebro.

Insomnio frecuente

La segunda señal fue la dificultad frecuente para dormir. Dar vueltas durante mucho tiempo, despertar repetidamente o sentir que el sueño nunca resulta reparador puede tener consecuencias más allá del cansancio. Estudios longitudinales han relacionado una mayor severidad del insomnio con un riesgo progresivamente mayor de desarrollar demencia en adultos mayores, aunque todavía no puede afirmarse que el insomnio sea por sí mismo la causa.

Siestas muy frecuentes

El tercer hábito fue dormir siestas con mucha frecuencia durante el día. La investigación encontró una asociación entre este comportamiento y un mayor volumen de lesiones en la materia blanca, incluso después de considerar factores como hipertensión, tabaquismo y falta de actividad física. Sin embargo, los investigadores no pudieron saber cuánto duraba cada siesta ni a qué hora ocurría.

Por eso, una siesta corta después de una mala noche no debe convertirse en motivo de alarma. Descansar entre 20 y 30 minutos puede mejorar temporalmente el estado de alerta. La señal más interesante aparece cuando alguien necesita dormir largas siestas todos los días pese a haber pasado suficientes horas en la cama, pues podría existir apnea del sueño, insomnio, medicamentos o alguna enfermedad que esté afectando el descanso nocturno.

El papel del sueño profundo y el sistema glinfático

El sueño profundo y el sueño REM también son importantes para el funcionamiento cerebral. Durante la noche ocurren procesos relacionados con la consolidación de recuerdos, la regulación emocional y la eliminación de productos metabólicos. Investigaciones recientes han mostrado en humanos que el llamado sistema glinfático participa en la eliminación de proteínas como beta-amiloide y tau, relacionadas con enfermedades neurodegenerativas.

Aun así, dormir mal no significa que una persona vaya a desarrollar Alzheimer. La relación funciona también en sentido contrario: los cambios cerebrales producidos por enfermedades neurodegenerativas pueden alterar los ritmos de sueño años antes de que aparezcan síntomas cognitivos evidentes. Por eso los investigadores hablan de asociación y posible factor de riesgo, no de una prueba temprana de demencia.

Recomendaciones prácticas

La recomendación práctica es observar patrones. Necesitar habitualmente menos de siete horas, pasar varias noches por semana sin poder dormir, depender de siestas largas o despertar agotado pese a pasar suficiente tiempo en cama son razones para revisar la calidad del descanso.

Mantener horarios relativamente constantes, levantarse aproximadamente a la misma hora, recibir luz natural durante el día, mantenerse físicamente activo y evitar largas siestas por la tarde puede ayudar a reforzar el reloj interno. Cuando los problemas persisten durante semanas o se acompañan de ronquidos fuertes, pausas respiratorias, pérdida de memoria o somnolencia intensa durante el día, conviene buscar valoración médica.

Dormir bien no garantiza evitar el envejecimiento cerebral, pero el descanso es uno de los factores que sí pueden modificarse. Más que obsesionarse con una noche imperfecta, vale la pena prestar atención cuando dormir poco, sufrir insomnio o pasar gran parte del día buscando una siesta dejan de ser excepciones y se convierten en la rutina.

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