La rutina bajo el agua que Glenda Inzunza ensaya todos los días puede ser el boleto que la lleve de París a Los Ángeles.
Hace 4 años, la originaria de La Paz, Baja California Sur, formó parte del histórico equipo mexicano de natación artística que se presentó en unos Juegos Olímpicos por primera vez desde 1996 y, aunque su papel fue como reserva, vivir esa aventura le dejó muchos aprendizajes.
Aquella Glenda de 2024 ya no se parece a la que comenzó el actual ciclo olímpico en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026 y que se colgó 3 medallas de oro, es más madura, tiene más confianza y sabe disfrutar.
«Algo que me gustaría reforzar es la resiliencia. Una de las cosas que más he cambiado es mi mentalidad en cuanto a disfrutar. Después del ciclo pasado, de lidiar con la presión en general del deporte, mi propia presión, vino un año muy difícil mentalmente, emocionalmente, no me sentía bien.
«Este año me he enfocado mucho en sanar esa parte de mí para proyectar eso en la alberca y claro que se nota, se siente, y ahora me siento mucho más cómoda, es algo que quiero seguir reforzando para no dejarme llevar por la presión que implican los Juegos Olímpicos, mediarlo con esa parte de disfrutar, de seguir aprendiendo, de mantener la mente abierta», contó la sirena en entrevista con CANCHA.
Inzunza también ha asumido un nuevo rol, el de encaminar a las integrantes más jóvenes hacia el mismo objetivo y aportarles todas las herramientas que necesitan para brillar, tal y como le sucedió con su ídola, la legendaria nadadora mexicana Nuria Diosdado.
«Podría ser como una intermedio, en algunos momentos un poquito líder, en otros momentos escuchar a las niñas. De repente, cuando ellas llegaban me decían: ‘pensé que eras más ruda, más seria’, a lo mejor les doy esa impresión, pero ya estando en la alberca ya que me conocen, soy una persona muy empática».

Entre los sueños que aún le faltan cumplir a la atleta de 26 años está llegar a sus segundos Juegos Olímpicos y ganar una medalla mundial.
El comienzo de todo
Glenda Inzunza creció rodeada de agua en La Paz, Baja California Sur, así que la natación no pasó desapercibida.De pequeña practicaba gimnasia, pero algo en su interior la llamaba hacia el agua, no como un deporte diferente sino como el complemento de dos elementos que ya formaban parte de su desarrollo como atleta.
Los Juegos Panamericanos de 2011 marcaron a la tricolor porque presenció una rutina en la alberca, la sincronización en las piernas, pies, brazos, manos y cabeza de todas las sirenas, además de que lucían perfectamente peinadas y con trajes de baño llamativos.
«Fui a mi primera competencia de sincronizados nacional y de todas las niñas yo gané, entonces dije, ‘en esto soy buena, voy a seguir aquí’. Tenía las bases, justo la gimnasia me ayudó muchísimo a sentir todo mi cuerpo, sabía nadar, entonces la natación artística es eso, la combinación de esos deportes y del ballet. Fui a los Juegos Panamericanos del 2011 en Guadalajara a ver la natación artística y a echar porras y cuando vi a la Selección yo quise ser como ellas y representar a mi país.
«Fue rápida (la adaptación) en mis inicios, soy de La Paz, es una ciudad de agua, el mar, las albercadas, todo el tiempo. Mi relación con el mar siempre fue buena y al inicio de una rutina, al inicio de aprender algo nuevo es pesado, pero a partir de ahí, es práctica, vas aprendiendo, y dices, ‘en este tiempo tengo que respirar, en este no tengo tanto tiempo, aquí bajo mi respiración’. Hasta la fecha sigo trabajando porque de repente se nos olvida respirar estando fuera del agua», señaló.





