Con su esponjosa forma, su capita de azúcar que brilla como recuerdo y ese saborcito a azahar que nos abraza el corazón, el pan de muerto ha vuelto a las panaderías para recordarnos que nuestros seres queridos nunca se van del todo.
En la imagen se aprecia la pieza que todos esperamos en la mesa, redondita, calientita, con sus huesitos de masa que simbolizan el abrazo eterno. Es el pan que no solo se come, se comparte, se ofrenda y se recuerda.
Detrás de cada panadería de la ciudad hay familias trabajando desde muy temprano para que en cada hogar no falte este pedacito de tradición.
Hay desde el chiquito para el café de la tarde, hasta el grande, familiar, para poner en el centro del altar junto a la foto, la veladora y la flor de cempasúchil.
Es temporada de recordar con cariño, de contar historias de los que se nos adelantaron y de endulzarnos el alma. Porque si algo nos enseña esta tradición, es que el amor no muere, solo cambia de lugar.
Pasa por tu pan de muerto, apoya al comercio local y que en tu casa nunca falte el aroma a tradición.





