Las investigaciones en torno a la masacre que cobró la vida de cinco integrantes de una misma familia en el municipio de Montemorelos, Nuevo León, han arrojado datos contundentes. La Fiscalía General de Justicia del Estado confirmó formalmente la hipótesis de homicidio-suicidio, señalando directamente a Cinthia Abigail Tamez Rivera, de aproximadamente 33 años, como la presunta autora material de este crimen que dejó un profundo consternación en la región.
El caso se desplegó en dos escenarios distintos dentro del fraccionamiento Los Nogales y sus inmediaciones. En el interior de un domicilio de la zona, los agentes periciales localizaron el cuerpo de la pareja sentimental de la mujer, Leodegario Moya Garza (de 28 años), en la recámara, habiendo sido atacado mientras dormía.
En la misma vivienda, ocultos trágicamente detrás de un sillón, fueron hallados los cuerpos sin vida de dos de sus hijos menores, de 10 y 11 años, quienes aparentemente buscaron resguardarse durante la agresión. El segundo punto de hallazgo se registró sobre un camino cercano, donde una camioneta Jeep roja resguardaba los restos de Cinthia Abigail y de su hijo menor, de apenas dos años y ocho meses.

Coincidencias balísticas y la pista del entorno etílico
Los dictámenes de balística forense practicados por las autoridades estatales confirmaron un elemento clave para el esclarecimiento del caso: el arma de fuego asegurada al interior del vehículo —una pistola automática calibre .38, acompañada de diversos casquillos percutidos— es exactamente la misma que se utilizó para privar de la vida a los tres menores y al adulto en el domicilio.
Asimismo, las indagatorias ministeriales establecieron que, horas antes del violento desenlace, la mujer y varias personas sostuvieron una reunión privada en la vivienda donde se ingirieron bebidas embriagantes. Ante la magnitud de la tragedia, las instituciones de seguridad hicieron un llamado urgente a la sociedad civil y a las familias para fomentar la prevención, la salud mental y la concientización en torno al consumo excesivo de alcohol y sustancias tóxicas, factores que frecuentemente detonan espirales de violencia intrafamiliar.





