Especialistas advierten que adelantar más de un mes el ciclo escolar en México aumentará rezago educativo y carga de cuidados en familias.
Enorme galimatías en la que se metió el Secretario de Educación Pública, Mario Delgado, con su publicación el jueves 7 de mayo en X: «¡Tenemos noticias!». ¿Qué noticias? Recorte de cinco semanas del calendario escolar 2025-2026. Además, lo hizo con el respaldo de los Secretarios y Secretarias de educación de todas las entidades del País. La foto que engalana la sorpresiva noticia con los titulares de las autoridades educativas, la mayoría con una enorme sonrisa, quedará grabada para siempre como la foto de la ignorancia nacional. ¿Cómo? ¿Los responsables de la educación y el aprendizaje sonríen y aplauden una de las peores decisiones de política educativa en la historia del País? Es una foto para un museo.
Es conocimiento generalizado que México enfrenta un serio problema de aprendizaje; la niñez y la juventud mexicanas presentan deficiencias significativas en el conocimiento. Cuando en México se medía el nivel de aprendizaje con instrumentos nacionales, se evidenciaban fuertes deficiencias en matemáticas, lectura y ciencias. En los 22 años en que México ha participado en la evaluación internacional PISA, organizada por la OCDE, se ha ubicado consistentemente en el último lugar entre los países de la OCDE en lectura, matemáticas y ciencia. De acuerdo con la OCDE, el 41% de los mexicanos entre 25 y 34 años tiene estudios inferiores a la preparatoria, lo que contrasta fuertemente con el promedio de la OCDE, que es del 15%. En la última prueba PISA de 2022, que evalúa a los jóvenes al término de la educación básica, es decir, a los 15 años, México se ubicó en el último lugar, empatado con Costa Rica y Colombia, en matemáticas, lectura y ciencia, entre 37 países participantes. Por ejemplo, en matemáticas, ningún estudiante mexicano logró colarse en el nivel de desempeño más alto, mientras que casi el 66% se ubicó en los cuatro niveles de desempeño más bajos de un total de nueve.
¿Qué tan grave es la decisión? Gravísima. No evidencia un total desconocimiento por parte de las autoridades educativas de la función educativa, sino que muestra una total carencia de liderazgo, y que intencionalmente daña el desarrollo cognitivo y emocional de la niñez y la juventud.
Entre los factores asociados al aprendizaje que mejor explican y predicen la caída académica de los estudiantes se encuentran las vacaciones de verano. Las largas vacaciones de verano desconectan a los estudiantes de los procesos formales y estructurados para el desarrollo de habilidades. Esto quiere decir que el promedio del aprendizaje en México caerá, sin duda alguna. Pero para regar sobre mojado, la misma evidencia sostiene que los más afectados serán los más pobres. ¿Por qué? Porque las familias de mayor ventaja socioeconómica siempre aprovechan las vacaciones para enviar a sus hijos a cursos de verano, a talleres especiales de cualquier índole, a viajar, a museos y a realizar visitas culturales por México y por el mundo. En tanto, los hijos e hijas de familias pobres están destinados a quedarse en casa, a estar en redes sociales, en plataformas de entretenimiento, con más pantallas y con actividades de muy baja inversión cognitiva y emocional.
México no estaba entre los países con menos semanas ni días de clases regulares. Es más, en primaria y secundaria, el número de días de enseñanza al año para el ciclo escolar 2025-2026 es de 185, un poco por encima de la OCDE, que es de 183 (en 2023). Sin embargo, con esta reducción de 27 días hábiles, el calendario se reduciría a aproximadamente 158 días. Esto coloca a México, por el plumazo de una persona, ayudado por una treintena más, en la posición más baja en el estudio formal de la educación básica. La mala educación y, además, la falta de educación son el mejor camino hacia la ignorancia.
La decisión de Delgado ocasionó un reclamo generalizado en los medios sociales con reacciones abrumadoramente negativas, porque no sólo se trataba de una afectación a la educación de la niñez y juventud del país, sino de un cambio de vínculo con las familias, que, tanto en México como en el mundo, cuentan con la escuela no sólo para enseñar letras y números, sino para cuidar a los niños mientras mamá y papá realizan otras actividades para que todo el aparato socioeconómico del País funcione.
Parece que a la Presidenta Sheinbaum no le gustó la jugada; ahora tanto ella como su Secretario de Educación hablan de que se trata de una «propuesta». Veremos cómo enfrentan el tsunami de críticas. Con toda seguridad, el Secretario de Educación hará maromas para, al final, atenuar o corregir el desaguisado.
Aun y con la corrección, el daño está hecho; sobre todo para el aparato gubernamental de México, por su falta de liderazgo, y, por supuesto, para la NEM, al mostrar con todo cinismo que lo que menos importa es el interés superior de la niñez.
En el fondo, la decisión de Delgado y sus colegas envió un mensaje perverso: la flojera es más importante que el estudio. «¡Vámonos de fiesta, de pachanga, de tertulia, de agasajo, tronemos las matracas, gritemos goooooool!». Total, el estudio, el trabajo serio, el esfuerzo, la dedicación pueden esperar hasta el siguiente ciclo escolar. Este es un R.I.P. para la NEM: malos libros de texto, cero evaluaciones educativas, poca formación magisterial, bajo presupuesto y mal asignado, programas de estudio cuestionados y, ahora, el «broche de oro»: cero en liderazgo. A veces la política no funciona.
‘Vacaciones’ anticipadas
Adelantar el final del ciclo escolar no sólo modifica el calendario educativo, sino que también traslada a los hogares la responsabilidad de resolver quién cuidará a niñas, niños y adolescentes durante semanas adicionales fuera de clases. La premura del anuncio del fin de los cursos escolares en México pone en jaque a las familias, que tendrían que asumir los costos de esta medida. Además, esta no se acompaña de acciones que reflejen un compromiso real del Gobierno con la corresponsabilidad en el trabajo de cuidados.
Esta decisión evidencia una falta total de planeación por parte de la autoridad educativa. La FIFA anunció la sede del Mundial de Futbol de 2026 hace ocho años. Ya en enero de 2025 había noticias que aludían a las fechas exactas del evento. Con todo ese tiempo de anticipación, las autoridades educativas del país esperaron hasta un mes antes del inicio del Mundial para anunciar que no cumplirían con el calendario escolar originalmente estipulado y que el fin de los cursos se adelantaría al 5 de junio.
El problema no es sólo de gestión gubernamental. Para las familias, el final anticipado de las clases implicaría reorganizar las jornadas laborales, buscar alternativas de cuidado y asumir costos adicionales durante el horario en el que niñas, niños y adolescentes normalmente permanecerían en la escuela. Decisiones como estas agravan la desigualdad de oportunidades. De acuerdo con el Inegi, el valor del trabajo relacionado con los cuidados representa el 24% del PIB mexicano. Estamos hablando de una actividad de gran valor, pero que no se reconoce ni se paga en términos económicos. Además, este trabajo recae desproporcionadamente sobre las mujeres.
En el reciente informe sobre movilidad social y cuidados del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, mostramos las implicaciones de que dicha labor recaiga principalmente en los hogares. Por ejemplo, si tomamos a la población con origen en el 40% más bajo de recursos económicos y comparamos a las personas cuidadoras y no cuidadoras, se observa que las primeras presentan una mayor permanencia en la parte baja de la escalera económica.
Cuando el cuidado recae casi exclusivamente en las familias, la desigualdad de oportunidades aumenta. Por ello, la corresponsabilidad no sólo debe existir al interior de los hogares -por ejemplo, entre hombres y mujeres-, sino que también debe extenderse al Gobierno, a los Poderes Legislativo y Judicial, al sector privado y a la sociedad civil. Un enfoque gubernamental con perspectiva de cuidados implica considerar cómo las decisiones aparentemente ajenas a este tema afectan el tiempo, los ingresos y las oportunidades de quienes cuidan. Me preocupa que, con una decisión como la tomada, la autoridad educativa y, por extensión, la administración pública, rehúya asumir esa responsabilidad.
El Gobierno encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum ha hecho suyo el compromiso de construir un Sistema Nacional de Cuidados. Contar con uno implica, entre otras cosas, que las mujeres dispongan de un mayor conjunto de opciones de elección para sus vidas. Por ejemplo, se observaría un mayor equilibrio en la distribución de las tareas de cuidado y, por ende, una reducción de la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres, que actualmente sitúa a México entre las de mayor magnitud en América Latina y el Caribe.
Más allá de consideraciones válidas, como las expuestas por organismos como UNICEF en torno a los riesgos a los que se enfrentan las niñas, niños y adolescentes durante el desarrollo de eventos masivos, como lo será el Mundial de Futbol, la medida adoptada por la autoridad educativa resulta totalmente desproporcionada. Las implicaciones de ella tienen un alcance mucho más amplio: aunque no queda claro que resuelvan del todo algunas problemáticas válidas, sí vuelven a trasladar la carga del cuidado a los hogares.
Aumentar rezago escolar
La SEP anunció el pasado 7 de mayo el adelanto de las vacaciones de verano, para comenzar el 5 de junio. La cancelación de más de un mes de clases tiene importantes implicaciones para el aprendizaje de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, implicaciones que deben estar al centro del debate público sobre la educación y su prioridad a nivel nacional. Si bien se anunció que al regreso en el ciclo escolar 2026-2027 se contará con un periodo de dos semanas de regularización y que con esto no se perderán aprendizajes, resulta necesario advertir sobre los riesgos que esta decisión conlleva.
El aprendizaje dentro de los contextos escolares es un proceso que implica mucho más que la mera revisión de temas. Requiere transitar desde algo que no sé, no puedo hacer o no puedo aplicar, a poderlo saber, a lograr hacer o a poder resolver problemas en otros contextos a partir de este conocimiento. Lograr este tránsito requiere tiempo, práctica, acompañamiento y reflexión. En muchos casos también implican interacción con otros que posibilitan la construcción de conocimiento de manera sostenida.
Hay procesos claves que requieren sistematicidad y práctica. Dos de ellos son el aprendizaje de las matemáticas y la lectoescritura, que también son bases para otros aprendizajes y para el ejercicio de otros derechos. Por ello, reducir drásticamente el tiempo de clases afecta directamente las oportunidades de aprendizaje del estudiantado.
Centrándonos en el caso de las matemáticas, mi colega del Centro INIDE, Tatiana Mendoza, señala que dos soluciones comunes ante la reducción de tiempo lectivo han sido, primero el intento de cubrir los mismos contenidos en menos tiempo. Eso ha llevado a atomizar los contenidos, al punto de en cada clase se espera el aprendizaje de un nuevo contenido, que será exigido a partir de las siguientes. Así, los conocimientos quedan despegados de los problemas que permiten resolver, y con ello pierden su sentido. Además, cualquier retraso para un estudiante implicará la imposibilidad de retomar ese contenido más adelante.
La segunda salida es priorizar qué contenidos enseñar y cuáles sacrificar. La respuesta suele ser seleccionar los contenidos más evaluables, que son también los más abstractos e inaccesibles para los alumnos. De nuevo, el resultado es el aumento en la exclusión educativa. Se va generando así una acumulación de huecos en el aprendizaje que siempre termina por recaer en los alumnos, sus familias y los docentes.
Este tipo de soluciones son probablemente las que se planteen para recuperar la falta de semanas enteras al cierre de un ciclo escolar. Sin embargo, la experiencia y análisis nos dice que difícilmente lograrán resarcir lo perdido, e incluso, aumentarán el riesgo de que estudiantes de preescolar, primaria, secundaria y media superior no logren los aprendizajes mínimos en su trayecto educativo y, por tanto, el rezago educativo aumente a nivel nacional.
Desarrollar aprendizajes en la escuela implica también una ardua labor de monitoreo por parte de profesores y profesoras, que acompañan a las y los estudiantes en su desarrollo. Este aspecto también se ve especialmente afectado por la reducción en el calendario, dado que maestras y maestros no podrán valorar dónde están los estudiantes, qué cosas requieren, ni buscar recursos para apoyar su desarrollo.
Parar el aprendizaje en las escuelas durante más de dos meses tendrá, por tanto, serias repercusiones, sobre todo porque no se puede esperar que la gran mayoría de las familias, sin ninguna guía y con sus cargas laborales completas, asuman el rol de dar continuidad a procesos que requieren práctica, consolidación y desarrollo. Todos y todas sabemos lo difícil que resultó esto durante la pandemia y lo necesario que fue la vinculación entre casa y escuela para mantener algunos procesos de aprendizaje, que no sustituyeron a lo trabajado en los entornos escolares.
Además, la reducción de los días en la escuela seguramente tendrá impactos diferenciados, puesto que los grupos privilegiados contarán con mayores recursos para atender esta situación y mantener alguna estabilidad, mientras que los grupos vulnerabilizados difícilmente podrán hacerlo. Para estas poblaciones asistir a clases es una medida de inclusión y de justicia social.
México deposita enormes expectativas en su sistema educativo. Se espera que la escuela enseñe, contenga, cuide e incluso repare desigualdades históricas. Pero difícilmente podrá cumplir esas tareas si no cuenta con condiciones mínimas de estabilidad y continuidad. Suspender clases durante más de un mes no es sólo adelantar vacaciones: es una decisión con consecuencias pedagógicas y sociales que, aunado a la experiencia pandémica, podrían acompañar a toda una generación durante años.






