Hijos de diplomáticos y empleados extranjeros que nazcan dentro de Estados Unidos estarían excluidos de la nacionalidad estadounidense, a menos de que uno de sus padres sí cuente con la nacionalidad.
La medida ordenada por la administración de Donald Trump refiere que «una persona nacida en los EE.UU. de un empleado de un gobierno extranjero no está sujeta a la jurisdicción de los Estados Unidos a efectos de la ciudadanía por derecho de nacimiento a menos que al menos uno de los padres de la persona sea ciudadano de los Estados Unidos».
La medida entra a vigor el próximo miércoles, 9 de septiembre. Actualmente, solo los altos diplomáticos extranjeros podían decidir si sus hijos nacidos en el país tendrían la nacionalidad estadounidense o solo conservaría la de sus padres.
A partir del miércoles sería una regla para todos los diplomáticos extranjeros y miembros de misiones u organizaciones, por lo que deja de ser opcional.
No obstante, la regla del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) ofrece que los hijos de diplomáticos y empleados extranjeros obtengan por nacimiento la residencia legal permanente.
Esto significa que los bebés podrán vivir legalmente en el país, pero sin ser ciudadanos, y perderían la residencia si tienen que abandonar Estados Unidos si sus padres son enviados a otros países.
Cabe mencionar que el Departamento de Estado confirmó a principios de agosto que la visa con que los empleados consulares trabajaron cinco, y algunos 10 años, en Estados Unidos no serán renovadas, por lo que tendrán que salir del país.






