Tomar agua mineral o con gas todos los días puede ser seguro para la mayoría de las personas, siempre que sea sin azúcar y con una cantidad moderada de sodio. Incluso puede sustituir a los refrescos, porque conserva las burbujas sin aportar necesariamente calorías ni azúcares añadidos.
Sin embargo, bajo el nombre de agua mineral se venden productos diferentes. El agua mineral natural proviene de manantiales y contiene minerales como calcio, magnesio, bicarbonato o sodio. El agua carbonatada puede ser agua común a la que se agrega dióxido de carbono. También existen versiones saborizadas con endulzantes, ácido cítrico u otros ingredientes.
En términos de hidratación, el agua con gas sin azúcar contribuye al consumo diario de líquidos de manera similar al agua natural. Su principal ventaja aparece cuando reemplaza refrescos, jugos industrializados u otras bebidas azucaradas, porque permite reducir el consumo de azúcar y calorías.
Algunos estudios pequeños han encontrado que ciertas aguas carbonatadas o minerales pueden mejorar temporalmente síntomas como indigestión, dificultad para tragar o estreñimiento. No obstante, estos resultados dependen de la composición del agua y no significan que las burbujas funcionen como tratamiento para los problemas digestivos.
En otras personas, el gas puede producir eructos, inflamación abdominal o sensación de llenura. Quienes presentan reflujo, gastritis, dispepsia u otros padecimientos digestivos podrían notar que sus molestias aumentan después de beberla. El agua mineral no causa necesariamente estas enfermedades, pero sí puede agravar algunos síntomas en personas sensibles.
Otro aspecto importante es el sodio. Algunas marcas contienen cantidades mínimas, mientras que otras aportan una cantidad considerable por botella. Las personas con hipertensión, enfermedad renal, insuficiencia cardiaca o indicación médica de reducir la sal deben revisar la tabla nutrimental y preferir opciones bajas en sodio.
La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda no superar los 2 mil 300 miligramos de sodio al día y señala que un límite cercano a mil 500 miligramos puede ser conveniente para la mayoría de los adultos, especialmente para quienes tienen presión arterial elevada. El sodio del agua debe sumarse al que ya aportan los alimentos procesados y las comidas preparadas.
En cuanto a los dientes, el agua carbonatada natural representa un riesgo mucho menor que los refrescos. Aun así, las presentaciones con sabores cítricos, ácidos añadidos o azúcar pueden favorecer el desgaste del esmalte cuando se consumen continuamente durante el día. Lo recomendable es elegir agua simple, beberla durante las comidas y evitar mantenerla largos periodos en la boca.
La luz verde, por tanto, es para el agua mineral sin azúcar, con pocos ingredientes y bajo contenido de sodio. La luz amarilla corresponde a quienes sufren molestias digestivas o deben controlar la sal, mientras que la roja aparece en bebidas que parecen agua, pero contienen azúcares, jarabes o ácidos similares a los de un refresco.






