Delicias, Chih.- En una jornada marcada por la nostalgia y el profundo agradecimiento, el profesor Marco Antonio de la Cruz Ortiz ofreció un discurso de despedida que trascendió lo profesional para tocar las fibras más sensibles de la comunidad educativa. Con voz entrecortada pero firme en su afecto, realizó un recorrido por los años dedicados a la Escuela Primaria ‘Sor Juana Inés de la Cruz’, destacando que más allá de las aulas, lo que deja atrás es una auténtica familia.
Un lazo inquebrantable con colegas y amigos
Durante su intervención, el directivo no quiso dejar pasar la oportunidad de reconocer a quienes fueron sus compañeros de batalla. Mencionó con especial cariño a amigos como Juan, Gabriel y Manrique, con quienes compartió innumerables historias a lo largo de su trayectoria.
Sin embargo, su mensaje más profundo fue dirigido a sus compañeras maestras, a quienes definió no solo como colegas, sino como una extensión de su propia familia.
Recordó conmovido cómo, a pesar de las cargas emocionales que cada una traía desde sus hogares, siempre mostraron una entrega absoluta dentro del aula.
Aseguró que cada palabra y acción de su parte siempre tuvo la intención de brindar apoyo y buscar el bienestar tanto profesional como familiar de sus compañeras, subrayando que jamás hubo una intención dolosa en su gestión.
La familia: el pilar y el motor
Uno de los momentos más críticos y emotivos del discurso ocurrió cuando el profesor se refirió a su propia familia. Confesó que las palabras previas de su hija lo llevaron a las lágrimas, provocando una reflexión profunda sobre el impacto que el trabajo y la dedicación tienen en la crianza de los hijos.
Con alivio y orgullo, expresó sentir que van «por buen camino», reconociendo que a veces el ritmo de la vida docente impide ver la magnitud de lo que se siembra en el hogar.
El legado físico y espiritual: el recuerdo de su padre
La nota de mayor nostalgia se centró en la estructura física de la escuela Sor Juana. El profesor compartió recuerdos de tardes interminables y días sábados dedicados a mejorar las instalaciones de la escuela.
No obstante, el vínculo más sagrado que mantiene con el edificio son los muros y el barandal de la calle, los cuales pintó personalmente con la ayuda de su padre.
Con una tristeza dulce, reveló que la esencia de su padre, quien ya no se encuentra en este plano terrenal, permanece impregnada en esas paredes.
«El recuerdo más grande que me va a quedar de mi escuela es este, la esencia de mi padre», afirmó, asegurando que cada vez que pase frente a la institución, una lágrima de nostalgia y orgullo brotará al recordar ese trabajo compartido con tanto cariño.
Un adiós a la comunidad
Finalmente, el profesor extendió su gratitud a los padres de familia por el apoyo constante brindado a la escuela
Su despedida no fue solo un cierre de ciclo laboral, sino un compromiso de amistad eterna, reiterando a todos los presentes que siempre podrán contar con él
Entre aplausos y un ambiente cargado de respeto, se despidió de su «casa», la Sor Juana, dejando un legado que va mucho más allá de la educación: un legado de amor, esfuerzo compartido y memoria familiar.








