En el marco del Día Mundial de las Abejas, el sector apícola mexicano enfrenta una crisis multifactorial que ha desplomado la producción de miel en más de un 60 por ciento, alertó el proyecto SAbERES. Los efectos del cambio climático, la deforestación acelerada y el uso de agroquímicos altamente tóxicos mantienen a la actividad en un punto crítico, provocando el abandono de productores y pérdidas económicas sin que existan esquemas de indemnización.
El panorama climático actual, caracterizado por el incremento de temperaturas, sequías prolongadas y ciclones severos, impacta directamente a las familias campesinas de regiones productoras como Chihuahua, Campeche, Chiapas, Tabasco, Oaxaca y Puebla. A este escenario se suma la competencia desleal por el ingreso de miel de dudosa calidad a bajos precios y la falta de mercados que reconozcan el valor de la miel orgánica nacional, se advirtió.
«Muchos apicultores han decidido abandonar la actividad tanto por la baja productividad propiciada por el cambio climático, como por los bajos precios de la miel», advirtió el organismo, señalando que las familias pierden su medio de vida de un día para otro tras los envenenamientos masivos de colmenas.
Urgen freno a tóxicos y deforestación
A pesar de que en septiembre de 2025 México concretó la prohibición de 35 plaguicidas, activistas y expertos señalan que el marco regulatorio sigue siendo insuficiente. Ante esto, recordaron la recomendación del relator especial de las Naciones Unidas sobre Tóxicos y Derechos Humanos, Marcos Orellana, quien instó al Estado mexicano a elaborar una Ley General sobre Plaguicidas para proteger tanto a los polinizadores como a la salud de las comunidades rurales.
El impacto ambiental se agrava con la pérdida de hábitat. De acuerdo con las cifras presentadas, en los últimos cinco años se deforestaron más de 1.1 millones de hectáreas de bosques y selvas en el país, lo que equivale a un ritmo promedio de 200 mil hectáreas anuales, reduciendo drásticamente las zonas de pecoreo (alimentación de las abejas) y la disponibilidad de agua.
Adaptación sin presupuesto
Aunque las comunidades apícolas han comenzado a implementar de forma autónoma medidas de Adaptación basada en Ecosistemas (AbE) —como el uso de especies de flora resistentes a la sequía, la renovación de abejas reinas adaptadas y sistemas de captación pluvial—, la falta de recursos económicos frena su viabilidad a largo plazo.
SAbERES denunció que el país carece de una política nacional de adaptación climática robusta. Por ello, hicieron un llamado urgente a las autoridades de los tres órdenes de gobierno para diseñar esquemas de financiamiento específicos para los pequeños productores, quienes generan más del 60 por ciento de los alimentos de consumo nacional y cuyos sistemas productivos sostienen la biodiversidad de los bosques y selvas del país.






