domingo, septiembre 22, 2024

COMER O PAGAR RENTA; EL SALARIO NO LE RINDE A LOS ARGENTINOS

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Argentina.- Francisco Llamas trabaja como acompañante terapéutico y vive en una casa heredada de sus padres en Buenos Aires, pero el salario no le alcanza para comer si paga los servicios de gas y electricidad, así que debe recurrir a una organización asistencial para acceder a un plato diario de comida.

Como Francisco, miles de personas de clase media baja del país necesitan cada vez más ayuda para alimentarse, una situación agravada desde el feroz ajuste de la economía que aplicó al llegar al poder el Presidente ultraliberal Javier Milei, en diciembre.

Las medidas del Gobierno comenzaron a enderezar variables como las balanzas fiscal y comercial, que le permitieron empezar a bajar una tasa de inflación que en enero había trepado al 254 por ciento anual, pero también aumentaron los niveles de pobreza e indigencia, una situación que genera dudas sobre el futuro socioeconómico del país.

«Soy un tipo que laburo (trabajo), pero no llegás a fin de mes con la plata. Y la verdad es que los gobernantes no se están acordando mucho de la gente de la clase media para abajo», dijo Francisco, de 52 años, quien detalló que comparte los alimentos que consigue con su paciente, un jubilado al que cuida todas las tardes, quien tampoco cuenta con dinero para comer.

«Yo pagaba 1,100 pesos de luz (cerca de un dólar) en el mes de noviembre, hoy pago 12 mil (unos 12 dólares), o sea aumentó 1,000 por ciento», agregó sobre el incremento de las tarifas de servicios públicos dispuesto por el Gobierno de extrema derecha.

La pobreza alcanzó al 55.5 por ciento de la población en los primeros tres meses del año, frente al 44.7 por ciento del tercer trimestre de 2023, y la indigencia pasó del 9.6 al 17.5 por ciento en el mismo período, según estimaciones recientes del Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Los datos implican que casi 25 millones de personas habrían caído en la pobreza por el impacto de la inflación, sobre todo en alimentos, un rubro que afecta a los sectores sociales más bajos. Según UNICEF, la pobreza infantil podría alcanzar el 70 por ciento en el primer trimestre del año.

Mónica de Russis, directora ejecutiva de «Amigos en el camino», una asociación civil independiente que desde hace 13 años ayuda a personas en situación de calle en Buenos Aires, confirmó el aumento de gente sin techo, pero también de quienes tienen casa pero no logran cubrir sus necesidades básicas.

«En nuestros circuitos, en cada parada, con mucha vergüenza aparece gente que no está en situación de calle, que nos viene a pedir un plato de comida. Y es gente que está bajo techo», dijo De Russis, de 59 años, mientras preparaba alimentos a repartir.

«Algunos tienen trabajo pero no les alcanza, entonces lo que estamos viendo es esto, el riesgo de que todas estas personas estén cayendo en situación de calle porque tienen que elegir entre pagar el alquiler o comer», agregó.

La situación comenzó a mostrar ribetes impensados en la ciudad de Buenos Aires, cuyo jefe de Gobierno, Jorge Macri, publicó a fines de abril en su cuenta de Instagram cómo actúa frente a lo que llamó «ranchadas», con fotos y videos que exhibían el retiro de colchones y bienes de las personas que dormían en espacios públicos para limpiar el lugar con hidrolavadoras.

En medio de una situación social crítica, Macri pidió luego disculpas por la comunicación y lanzó un nuevo programa para asistir a estas personas con centros donde pasar las noches, aunque las organizaciones sociales y quienes duermen en las calles afirmaron que las plazas son insuficientes y los exponen a situaciones de violencia.

Dormir sobre cartón

El recorte del gasto público impulsado por Milei mediante rotundos ajustes de subsidios, salarios estatales y pensiones ha provocado una caída del consumo que derivó en marzo -última cifra disponible- en una contracción del 8.4 por ciento en la actividad económica, caída que acumuló un 5.3 por ciento en los tres primeros meses del año.

El Presidente de ideología libertaria anticipó un abrupto crecimiento de la economía tras el derrumbe, pero aún no se vislumbran señales de la recuperación.

Rocío Coman es una de las víctimas de la crisis económica de larga data: se encuentra en situación de calle hace años pese a cobrar una pensión mínima y padecer dolencias cardíacas y traumatológicas.

«Es un desastre, un desastre. Me llevaron varias veces, me llevaron toda la documentación, (me llevaron) ropa, me dejaron con lo puesto ahora», dijo la mujer de mediana edad que se acercó a los voluntarios de la ONG a pedir comida y una frazada para pasar las frías noches del otoño austral.

«Hoy tengo que dormir sobre cartón porque tenía un colchón que me había brindado una señora, una vecina. Me llevaron el colchón, te arrasan con todo», agregó en referencia a las medidas del Gobierno de Buenos Aires.

Ante la demanda creciente de vecinos pobres y personas que duermen en la calle, una parroquia del barrio de Constitución, cerca del centro de la capital, volvió a ofrecer meriendas calientes.

«La gente es muy variada, viene gente del barrio que necesita tomarse algo, merendar. También viene gente que pasa con un vehículo, un taxista que para, también, porque nos comenta que antes podía y ahora no puede gastar el dinero en eso, entonces recurre acá», explicó Martín Sanz, sacristán de la parroquia Santa Catalina de Alejandría.

Mónica de Russis sabe que su trabajo sólo hace un reducido aporte en una problemática que afecta cada vez a más personas en todos los centros urbanos del país, pero no se desanima.

«En los ojos de la persona que está en situación de calle vas a aprender a ver el dolor. Entonces ¿cómo no hacerlo?», dijo. «Si quien lo tiene que hacer no lo hace, aquí nosotros desde nuestro lugar (estamos) poniendo ese granito de arena. Por ahí al mundo no lo cambiamos, pero cambiamos el mundo de una persona», concluyó.

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