APORTA EL HÍGADO MÁS HIERRO Y VITAMINA B12 QUE EL POLLO, SEGÚN EXPERTOS

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Cuando se piensa en comer sano, el pollo casi siempre gana el primer lugar. Pero hay una carne que casi nadie voltea a ver, que muchos evitan por su sabor o por costumbre, y que en varios aspectos nutricionales le gana por mucho a la pechuga: el hígado.

Sí, ese platillo que probablemente probaste de niño en casa de tu abuela y que hoy casi nadie cocina.

Más proteína y de mejor calidad de lo que imaginas
El hígado destaca por ser una gran fuente de proteínas de alto valor biológico, con más de 20 gramos de proteína por cada 100 gramos, una cifra que compite directamente con la pechuga de pollo. La diferencia está en que, además de proteína, viene acompañado de un paquete de nutrientes que el pollo simplemente no tiene en la misma proporción.

El hierro que casi ningún otro alimento iguala
Aquí está el verdadero superpoder del hígado: es una de las carnes con mayor contenido de hierro hemo, el tipo de hierro que el cuerpo absorbe con mucha más facilidad que el que viene de fuentes vegetales como las lentejas o las espinacas.

Una sola porción de hígado puede aportar entre la quinta parte y la mitad de la cantidad diaria recomendada de este mineral, según la Clínica Cleveland. Por eso, tradicionalmente se ha recomendado para combatir o prevenir la anemia, sobre todo en personas con niveles bajos de hierro.

Una especie de «multivitamínico» natural
El hígado no se queda solo en proteína y hierro. Es especialmente rico en vitamina B12, esencial para la formación de glóbulos rojos y el buen funcionamiento del sistema nervioso, además de aportar vitamina A, folato, zinc y cobre en cantidades que ningún corte de pollo puede igualar.

De hecho, una porción de 100 gramos puede llegar a cubrir varias veces la cantidad diaria recomendada de vitamina B12, lo que lo convierte en uno de los alimentos más densos en nutrientes que existen.

¿Por qué casi nadie lo come entonces?
La respuesta tiene más que ver con percepción que con nutrición. Durante años se asumió que «comida sana» era sinónimo de «comida baja en calorías», y como el hígado tiene un sabor más intenso y una textura distinta a la carne convencional, terminó relegado a un segundo plano frente al pollo, que se ganó fama de ser la opción «segura» y ligera.

Lo que sí hay que cuidar
Como todo alimento, el hígado tiene su lado a moderar. Al ser tan concentrado en vitamina A, comerlo en exceso no es recomendable, así que basta con incluirlo una o dos veces por semana para aprovechar sus beneficios sin pasarse de la dosis. Además, contiene más colesterol que la carne magra convencional, por lo que quienes tienen alguna condición cardiovascular deben consultarlo con su médico antes de volverlo un hábito frecuente.

Cómo darle una oportunidad
Si la textura es lo que te ha detenido, un truco tradicional es dejarlo reposar en agua fría o leche durante un par de horas antes de cocinarlo. Esto suaviza tanto el sabor como la consistencia. Preparado encebollado, en bistec o como parte de un guiso, el hígado puede convertirse en una alternativa que aporta muchísimo más de lo que su reputación sugiere.

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