viernes, marzo 20, 2026

ESTABAN SITIADOS POR UN CÁRTEL MEXICANO. AHORA, ESTOS CIVILES CONTRAATACAN CON FUSILES Y GRANADAS

Debes leer

GUAJES DE AYALA— Jesús Domínguez se abre paso entre la maleza espesa que bordea una ladera montañosa escarpada, con un fusil AK-47 colgado del hombro y una granada sujeta a su cinturón de cuero.

Marcha junto a un grupo de hombres vestidos con camuflaje que patrullan las zonas rurales de México contra uno de los cárteles de la droga más poderosos del país.

Con armamento de uso militar introducido de contrabando desde Estados Unidos, la fuerza de 50 hombres es una de decenas de grupos de “autodefensa” que han surgido en la última década en México para combatir a cárteles cada vez más sofisticados en zonas muy fuera del alcance de las fuerzas de seguridad.

«Prácticamente no existimos para el gobierno. Es imposible como que nuestras armas compitan con las de ellos (las de los cárteles)», afirmó Domínguez, de 34 años, desde un puesto de vigilancia con vista a las montañas del estado de Guerrero. «Ellos vienen con demasiado poder. Entonces, si tú no contestas con poder, pues no, te ahogas».

El grupo de autodefensa de Guajes de Ayala se suman a un panorama volátil de grupos armados en guerra —desde cárteles con tentáculos por toda Latinoamérica hasta grupos delictivos locales— en regiones como Guerrero, devastadas durante décadas por la fragmentación de los cárteles. Es un enredo que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tendrá que deshacer bajo la presión del gobierno de su homólogo estadounidense Donald Trump y ante el temor de más violencia tras la muerte del capo más poderoso del narcotráfico en México.

«No queremos estar en esclavitud»

El grupo de autodefensas se formó en 2020, cuando el cártel La Nueva Familia Michoacana intentó tomar el control de siete comunidades enterradas en lo profundo de las montañas a lo largo de una vía estratégica que conecta a los cárteles con la ciudad portuaria de Acapulco, por donde fluyen drogas y otros bienes ilegales.

Los residentes señalaron que el cártel, designado el año pasado como organización terrorista extranjera por el gobierno de Trump, comenzó a talar ilegalmente en sus tierras e intentó obligar a los pobladores a sumarse a combates contra grupos rivales.

Ante la ausencia del Ejército y la policía de México, los habitantes se armaron. Los tiroteos esporádicos se prolongaron durante casi un año. Los residentes huyeron a pie, caminando durante horas por montañas remotas con poco más que la ropa que llevaban puesta. Comunidades de 1.600 personas se redujeron a apenas 400.

Tras una pausa en el conflicto, las autodefensas se rearmaron en octubre cuando la Nueva Familia Michoacana volvió a avanzar sobre su territorio, instaló laboratorios de fentanilo y los vigiló con drones, según el líder del grupo, Javier Hernández.

Ahora, los hombres protegen sus pueblos desde puestos de vigilancia en la montaña y observan a 100 pistoleros del cártel acampados a unos pocos kilómetros de distancia con sus propios drones.

«No queremos pertenecer a sus filas y no queremos también ceder el territorio», resaltó Hernández. “No queremos estar en esclavitud bajo cualquier cártel”.

«Te arrinconan»

El conflicto está más arraigado en Guerrero que en la mayoría de los estados mexicanos, con una historia de milicia que se remonta a los movimientos guerrilleros de la década de 1960. El panorama se ha tornado cada vez más complejo a medida que los cárteles se han fragmentado en facciones rivales, creando una situación muy distinta a la del pasado, cuando un solo cártel ejercía un control monolítico sobre una región.

Según un informe de la DEA de 2025, aquí operan cinco cárteles. También lo hacen diversas bandas locales y grupos de autodefensas, muchos de los cuales están aliados con los cárteles más grandes.

“Tienes un caleidoscopio de grupos armados”, señaló Mónica Serrano, profesora del Colegio de México que estudia la violencia en Guerrero. “Es uno de los desafíos más desconcertantes que enfrenta el país y está en la raíz de la violencia”.

Las fuerzas de autodefensa se crearon en Michoacán y Guerrero alrededor de 2013. Al igual que el grupo de Guajes de Ayala, se formaron como un intento desesperado por evitar quedar atrapados en el fuego cruzado de cárteles en guerra.

Pero en lugares donde los grupos criminales están más presentes que las fuerzas del orden, casi todo movimiento de autodefensa que ha surgido en la historia reciente ha sido cooptado por cárteles rivales o masacrado. El gobierno de México se ha dividido sobre si debe dialogar con los grupos de autodefensa o tratarlos como criminales.

En algunos casos, los grupos se convirtieron ellos mismos en fuerzas paramilitares de los cárteles, rebosantes de dinero y aterrorizando a las comunidades que decían proteger. En otros, los cárteles armaron a ciudadanos locales para ayudar a repeler a grupos rivales.

«Te arrinconan, y no puedes hacer nada», sostuvo Domínguez. “Es como se corrompe lo que se empieza a crear, lo que empieza como autonomía”.

Hecho en EU

La comunidad de Guajes de Ayala considera que sigue siendo independiente, pero las fuerzas cuenta con equipo muy superior a los recursos de los agricultores locales, incluidos sistemas de detección de drones y frecuencias de radio intervenidas, además de drones DJI valorados en miles de dólares para espiar a los pistoleros del cártel.

Portan fusiles AK-47 y AR-15 con el sello “MADE IN USA” (Hechos en Estados Unidos) y nombres de fabricantes de armas de Florida, Carolina del Sur e incluso Polonia. Debido a que México tiene leyes estrictas de control de armas, la gran mayoría de las armas en México son introducidas de contrabando desde Estados Unidos por los cárteles.

Un hombre armado confirmó que las autodefensas compran armas a los cárteles, pero no quiso decir a cuál grupo.

Otro dijo que antes formó parte del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y que le pagaron para unirse a las fuerzas de autodefensa. Otro llevaba una gorra que decía “El Señor de los Gallos”, un apodo de Nemesio Oseguera Cervantes, el poderoso líder del CJNG abatido por el Ejército de México en febrero.

Dos grupos criminales locales que combaten a la Nueva Familia Michoacana permiten que los residentes de Guajes de Ayala transiten por sus territorios para no quedar cercados por todos lados, como en el pasado.

Al mismo tiempo, Hernández dijo que proporciona inteligencia sobre el cártel rival a las fuerzas del orden, y que su grupo rechazó ofertas de alianza de otros grupos de autodefensa conocidos por aprovecharse de civiles.

La proliferación de grupos armados en todo México es una prueba para Sheinbaum, en un momento en que ella busca contrarrestar las amenazas del gobierno de Trump de una intervención militar de Estados Unidos.

En el gobierno de Sheinbaum, las fuerzas de seguridad han arremetido contra los grupos criminales con una mano más dura que la de sus predecesores. Los homicidios cayeron de forma pronunciada desde que asumió el cargo hasta los niveles más bajos en una década, muestran cifras del gobierno.

Pero Hernández dijo que, para ellos, las cosas están peor que antes.

«Es mentira pues. Que dicen que el gobierno esta haciendo maravillas, es propaganda nada más», afirmó.

La muerte de Oseguera Cervantes, o “El Mencho”, fue un golpe importante para la empresa criminal más poderosa de México. Pero expertos y algunos en comunidades como Guajes de Ayala temen que pueda avivar más violencia si otros grupos criminales intentan tomar el poder por la fuerza o si facciones rivales del CJNG se enfrentan por el control.

Un capitán de la Marina en Guerrero, que habló bajo condición de anonimato por motivos de seguridad, dijo que sus fuerzas se estaban preparando para una posible reorganización de estos grupos. Agregó que las fuerzas mexicanas no han abandonado comunidades como Guajes de Ayala y que responden a llamados de auxilio desde zonas rurales.

«Una zona de silencio»

Los poblados de Guajes de Ayala se han convertido en pueblos fantasma llenos de casas vacías de personas demasiado asustadas para regresar.

Marisela Mojica, madre de Domínguez, envió lejos a seis de sus hijos y nietos luego que su hija fuera secuestrada por personas que decían ser de la Nueva Familia Michoacana.

«Si llegan a matar a todos, pues que quede uno», declaró Mojica.

Dijo que no ha visto a su familia en seis años ni ha conocido a dos nietos nacidos después que la familia huyó. No sabe si alguna vez lo hará.

Los profesores, demasiado asustados para cruzar de un territorio controlado por un grupo criminal a otro, dejaron de asistir a clases en octubre, y las escuelas quedaron abandonadas. Las clínicas médicas del gobierno han cerrado.

Hernández cuenta las casas abandonadas, dejadas en ruinas, mientras él y sus hombres armados salen a patrullar las cumbres onduladas y los valles que los envuelven.

«La sierra es una zona de silencio. No tienes voz y nadie te escucha», lamentó Hernández.

spot_img
spot_img
spot_img
- Publicidad-spot_img

Más artículos como este