En México, suele comerse mucho la jícama, una verdura fresca y crujiente, la cuál es muy famosa a la hora de pensar en botanas o ingrediente ligero, pero no solo es esto ya que gracias a sus nutrientes, comerla puede ayudar a mejorar tu digestión.
La jícama es una de las verduras leguminosas más populares en México, no sólo por su sabor fresco y crujiente, su consumo se ha mantenido vigente gracias a su fácil acceso y a la variedad de formas en que puede disfrutarse.
Además de ser refrescante, este alimento aporta beneficios importantes para la salud digestiva ya que su alto contenido de agua la convierte en una opción ideal para hidratar el cuerpo.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) dice que la jícama es rica en vitaminas C y E, además de minerales como calcio, potasio, fósforo e hierro. Su bajo contenido calórico y de sodio la hace adecuada para distintos planes alimenticios.
Estos nutrientes se dan gracias a la inulina, un tipo de fibra existente en la jícama que favorece el crecimiento de bacterias benéficas en el intestino, nutrientes que complementan su valor nutricional.
Su aporte de fibra y agua ayuda a mejorar la digestión, prevenir el estreñimiento y disminuir la retención de líquidos, lo que contribuye al equilibrio del sistema digestivo y ayuda a combatir el colesterol malo y los triglicéridos, reforzando su papel como un alimento funcional dentro de una dieta saludable.
La jícama puede consumirse de múltiples formas, lo que facilita su incorporación en la alimentación cotidiana. Entre las opciones más comunes están las rodajas con limón y chile, las jicaletas, ensaladas y ceviches.
Independientemente de la preparación, su inclusión regular en la dieta representa una alternativa accesible para mantener una alimentación equilibrada y apoyar la salud digestiva.






