Culiacán— En términos generales, los mexicanos no apoyan la propuesta del presidente Donald Trump de lanzar ataques militares estadounidenses contra los poderosos cárteles de su país. Casi 8 de cada 10 mexicanos dijeron oponerse a la idea en una encuesta nacional el mes pasado.
Pero en un maltrecho rincón del noroeste de México, donde los cárteles han operado durante mucho tiempo, esa resistencia comienza a resquebrajarse.
En Sinaloa, un estado de 3 millones de habitantes que ha sido el bastión del Cártel de Sinaloa (CDS) durante décadas, los residentes llevan cerca de 20 meses inmersos en una guerra que comenzó cuando el cártel se fracturó en dos.
Las fuerzas de seguridad mexicanas patrullan ahora las calles. Los negocios han cerrado. Las familias han huido. Muchos residentes dijeron estar desesperados por la paz, a cualquier costo, incluso si eso significara una intervención militar estadounidense.
“Es la última opción que tenemos”, dijo Oliver Zamora, un vendedor de carne, de 23 años. “Hemos intentado todo lo demás y nada ha funcionado. ¿Qué más queda por hacer?”
Hablamos con más de dos docenas de personas en Sinaloa el mes pasado, y la mayoría expresó una visión marcadamente diferente al consenso nacional. Para ellos, el Gobierno mexicano ha fracasado repetidamente en sus esfuerzos por controlar a los cárteles, y por eso dijeron estar dispuestos a considerar un ataque estadounidense contra los grupos si eso les pudiera permitir vivir con seguridad.
Se toman amenaza en serio
Los residentes de Sinaloa no son los únicos que contemplan una intervención estadounidense. En entrevistas el año pasado, operativos dentro de facciones del Cártel de Sinaloa se burlaban de la idea de una acción militar estadounidense, dudando de que la administración Trump fuera a hacer algo realmente. Pero el mes pasado, cuatro miembros del cártel dijeron que los grupos ahora se toman la amenaza en serio.
Describieron el almacenamiento de armas y el reforzamiento de defensas en preparación para un ataque estadounidense, incluyendo la instalación de vigías que escudriñan los cielos y la compra de lanzagranadas propulsados por cohetes y sistemas capaces de derribar un dron estadounidense. Los cuatro miembros del cártel hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias de sus jefes.
Hay mucha paranoia, dijo un coordinador regional senior de una facción del Cártel de Sinaloa llamada “Los Mayitos”, alineada con uno de los fundadores del cártel, Ismael Zambada García, conocido como “El Mayo”.
Las autoridades mexicanas han mostrado recientemente cierto éxito en su lucha contra los grupos criminales. El mes pasado, las fuerzas de seguridad mataron a Rubén Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el principal rival del Cártel de Sinaloa. Pero la muerte de “El Mencho” reveló el vasto alcance y poder de su cártel, encendiendo una ola de violencia de represalia en al menos 20 de los 32 estados del país.
El sábado, Trump se burló de la presidenta Claudia Sheinbaum en una cumbre de 12 países latinoamericanos enfocada en derrotar a los cárteles y otros grupos criminales en la región, diciendo que ella había rechazado su ayuda. Los representantes mexicanos no estuvieron en la reunión.
“Es bueno que el presidente Trump diga públicamente que cuando propuso enviar al Ejército de Estados Unidos a México, dijimos que no. Porque esa es la verdad”, dijo Sheinbaum el lunes durante su conferencia de prensa matutina. Las operaciones de aplicación de la ley en México, añadió, son realizadas exclusivamente por las fuerzas de seguridad de México.
Persiste violencia en Culiacán
La vida cotidiana en Culiacán, capital de Sinaloa, ha sido trastocada desde julio de 2024. En ese momento, uno de los hijos del narcotraficante encarcelado Joaquín Guzmán Loera, conocido como “El Chapo”, traicionó al antiguo socio de su padre, “El Mayo”, dividiendo al Cártel de Sinaloa e iniciando una feroz batalla que continúa hasta hoy.
En el punto más álgido de la violencia, personas en las afueras de Culiacán dijeron que se atrincheraban en sus casas, a veces durante semanas, mientras los tiroteos crepitaban a lo largo de los caminos de tierra. Los cuerpos eran abandonados en las orillas de las carreteras, los enfrentamientos armados irrumpían en vecindarios de clase alta y camiones de carga incendiados bloqueaban las autopistas.
La violencia ha persistido. En enero, dos legisladores fueron baleados tras salir del Congreso estatal en el Centro de Culiacán. Diez trabajadores de una mina de oro de propiedad canadiense fueron secuestrados; los cuerpos de siete de ellos fueron encontrados posteriormente. Recientemente se encontró un cuerpo en un centro comercial con el rostro removido.
Agustín Coppel, director general de Coppel, una importante cadena de tiendas departamentales, señaló el “enorme” costo económico que la violencia ha tenido en el estado.
“La gente no sale de noche”, dijo. “Casi todo está cerrado y apenas hay gente en las calles. De noche es como una huelga general, hasta que los robos de autos y otros delitos disminuyan”.
El estado de Sinaloa perdió casi el 10% de su producto interno bruto en 2024 y 2025, según estimaciones de Coppel y otros líderes empresariales.
‘Eso significa que muchos negocios han cerrado y muchos empleos han desaparecido”, dijo Coppel. “Se habla de más de 2 mil empresas que han cerrado. En sectores como hoteles, turismo y restaurantes, las ventas han caído alrededor del 50%”, señaló. Su propia cadena de tiendas Coppel en Culiacán ha visto una caída del 25% en las ventas, añadió.
Sheinbaum ha desplegado más de 12 mil soldados, el mayor flujo de fuerzas de seguridad a Sinaloa en años, si no es que de todos los tiempos, lo que ha llevado a la detención de decenas de miembros de alto rango del cártel y a la destrucción de muchos laboratorios de drogas.
“Nuestra estrategia es apretar la red”, dijo el general Guillermo Briseño Lobera, comandante de la Guardia Nacional de México, señalando una reciente disminución en los homicidios en el estado como evidencia de que la estrategia estaba funcionando. “La gente puede moverse por las calles con más tranquilidad, pero es claro que aún se necesitará una fase final de operaciones de seguridad continuas en el mediano plazo”.
Los residentes dijeron que la violencia había amainado algo, pero un profundo y extendido sentimiento de miedo seguía presente.
‘Las víctimas aquí sienten diferente’
Al menos dos veces por semana en Culiacán, familias de personas desaparecidas recorren colinas y matorrales en busca de fosas clandestinas. En un día de semana reciente, una camioneta que transportaba a miembros de un equipo de búsqueda condujo dos horas fuera de la ciudad para otra excavación.
Durante el trayecto, varios hablaron con cautela sobre la posibilidad de ataques estadounidenses. El Gobierno mexicano, dijeron, había fracasado en contener a los cárteles. ¿Qué quedaba por perder?
“Sí, la idea de Trump está medio loca, porque ¿cómo vas a venir a otro país a tratar de imponer el orden?”, dijo María Isabel Cruz Bernal, quien encabeza un colectivo de madres que buscan a sus hijos desaparecidos. “Pero creo que los ciudadanos aquí lo piden porque no tenemos paz, no tenemos control”.
Según los registros del grupo, más de 18 mil personas han desaparecido en Sinaloa desde 2006. Más de 5 mil 500 de esas personas desaparecieron en los últimos 20 meses.
“No hay a dónde voltear”, dijo María de los Ángeles Campos Sierra, madre de dos hijos que desaparecieron hace 14 años. En otras partes de México, “no hay mucha gente que lo apoye, pero creo que las víctimas aquí sienten diferente”.
Tres operativos del cártel dijeron que la idea de un ataque militar estadounidense en México pareció volverse mucho más plausible en enero, cuando las transmisiones televisivas mostraron a fuerzas estadounidenses irrumpiendo en Venezuela para detener al presidente Nicolás Maduro.
Temen a infiltrados en sus filas
Ahora la desconfianza corre profunda entre los miembros del cártel. Algunos dijeron temer que sus propias filas hubieran sido infiltradas por informantes tanto del Gobierno mexicano como del estadounidense. Las conversaciones se han vuelto más cautelosas, los movimientos más calculados.
“Todo ahora tiene que hacerse con gran precisión, casi milímetro a milímetro”, dijo un operativo del cártel. “Cada movimiento debe ser quirúrgico, porque la situación en este momento es muy peligrosa”.
Preocupados por un ataque estadounidense, miembros de ambas facciones del cártel dijeron que los dos bandos habían reforzado las defensas en torno a los líderes de alto nivel y los laboratorios de fentanilo. Han ampliado su arsenal para incluir inhibidores de señal de drones, que pueden costar hasta 40 mil dólares cada uno y pueden interrumpir las señales de las que dependen los drones para navegar, obligándolos a aterrizar o a estrellarse.
Algunos residentes de Sinaloa han cuestionado qué lograría una intervención estadounidense. Varios dijeron temer que en cambio podría inflamar la violencia.
“Creo que se pondría feo, que se pondría mucho, mucho peor”, dijo Rocío Torres, de 19 años, estudiante de Nutrición. “Hay mucha gente inocente aquí”.






