Cuando pensamos en cocinar, casi siempre ponemos atención en la receta, los ingredientes o el método de preparación. Sin embargo, el material de los utensilios que utilizamos también influye en lo que realmente llega a nuestro plato.
En un contexto donde la preocupación por la salubridad alimentaria va en aumento, entender qué utensilios liberan menos sustancias no deseadas resulta tan importante como elegir alimentos frescos. No se trata de generar alarma, sino de ofrecer información práctica y basada en evidencia científica que ayude a reducir la exposición cotidiana a compuestos que pueden migrar de los utensilios a los alimentos.
A continuación, explicamos qué significa que un utensilio “libere químicos”, cuáles son los materiales más estables, en qué situaciones aumenta el riesgo y cómo elegir y cuidar los utensilios para cocinar con mayor tranquilidad.
Cuando se habla de que un utensilio puede “liberar químicos”, en realidad se hace referencia a un proceso conocido como migración, que ocurre cuando ciertas sustancias del material pasan al alimento.
Este fenómeno puede verse favorecido por distintos factores, como:
Altas temperaturas
Contacto prolongado con alimentos ácidos o grasos
Rayaduras, grietas o deterioro del material
Un estudio publicado en la revista Science of the Total Environment analizó cómo algunos utensilios de cocina pueden liberar partículas —incluidos microplásticos o restos de recubrimientos— durante la preparación de alimentos. Los investigadores observaron que esta liberación aumenta cuando los utensilios están dañados o se someten a calor intenso por periodos prolongados.
Asimismo, otras investigaciones han documentado que calentar recipientes de plástico en el microondas puede favorecer la migración de partículas plásticas al alimento. Esto explica por qué muchos especialistas recomiendan utilizar vidrio o cerámica para recalentar comida siempre que sea posible.






