El estrés crónico derivado de factores urbanos como la contaminación, el ruido excesivo, el tráfico constante así como la inseguridad, puede generar daños severos tanto en la salud física como en la mental, advierten especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
De acuerdo con investigadores del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, la exposición prolongada a entornos urbanos estresantes no solo afecta el bienestar emocional, sino que también se asocia con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, alteraciones del sistema inmunológico y deterioro cognitivo.
El estrés crónico urbano se caracteriza por la constante activación del sistema de respuesta al estrés del cuerpo, lo que con el tiempo puede desencadenar condiciones como hipertensión, diabetes tipo 2, ansiedad, depresión y trastornos del sueño, advierten los expertos en salud pública.
“La vida en las grandes ciudades implica una combinación de estímulos constantes, presiones sociales y ambientales que, si se mantienen de forma prolongada, sobrecargan los mecanismos fisiológicos y psicológicos de adaptación”, explicó uno de los investigadores, quien enfatizó la necesidad de atender estos factores como parte de las políticas de salud pública.
Entre los factores urbanos que contribuyen al estrés crónico destacan la exposición continua a ruido ambiental intenso, la congestión vehicular que prolonga tiempos de traslado, la falta de espacios verdes, la contaminación del aire y la percepción de inseguridad, particularmente en zonas de alta densidad poblacional.
Los especialistas subrayan que el estrés crónico no debe considerarse un mal menor, ya que sus efectos acumulativos pueden debilitar el sistema inmunológico y disminuir la calidad de vida de quienes lo padecen. “No es solo una sensación de cansancio; es una respuesta biológica que altera procesos vitales y aumenta riesgos de enfermedad”, señalaron.
La investigación también plantea la importancia de promover entornos más saludables, con mayores espacios abiertos, mejor planificación urbana y estrategias comunitarias que reduzcan los factores estresantes en las ciudades, así como programas de atención psicológica accesibles para la población.
Finalmente, los académicos instaron a las autoridades y a la sociedad a tomar medidas preventivas, dado que las proyecciones de urbanización indican que en las próximas décadas una mayor proporción de la población vivirá en entornos urbanos, lo que podría intensificar los efectos del estrés crónico si no se atienden estos determinantes sociales de la salud.






